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Ez dakigulako baina jakin nahi dugulako Ez dugulako probatu baina probatu nahi dugulako Ez dugulako ikasi baina ikasi nahi dugulako Donostialdeko gazte literaturzaleen blog bohemio, paristar, idealista, erromantiko, fantasioso eta eroa.

jeudi, mars 13, 2008

IZURRITEAK

IZURRITEAK (I)


La peste (1947)



Edhasa, 21. edizioa


Albert Camus pied noir argeliar handiaren nobelarik sonatuenetarikoa. Denok sobera dakizkigun urte haietako modako gaiei buruzko ikuspegi propioa ematen du bertan idazleak. Gustatu beharreko edo irakurri beharreko liburu bezala saldu zidaten Batxilergoko denbora urrun hartan eta, egia esan, aholkua betetzeak merezi izan du.




Narrazio guztian zehar Camusen ahotsa antzeman ahal izateak pribilegiatu sentiarazi nau. II mundu gerra ondorengo pentsamenduak eta atmosfera eduki ditut begien aurrean. Hain gertu daukagun, baina hain urrun ikustarazten diguten garai bateko parte izan naiz Rieux doktorearen kronika lehorrak iraun duen bitartean (note: gezurra badirudi ere, II. Mundu Gerrako garaiko gizartea, ideiak, giroak, jokabideak, ez daude hain urruti: kontzentrazio-esparruetan egondakoak eta azken hauek bertan hiltzera kondenatu zituztenak, adibidez, gure aitonak edota osabak dira).



Nahiz eta orokorrean nahiko tonu laua erabili idazterakoan, han-hemenka hainbat perla ere aurki daitezke. Eta nola ez, gerra igaro duenak soilik adieraz dezakeen kontaketaren karga humanoa da azpimarragarriena eta baliotsuena.

Noraezean, zurrunbiloan bueltaka eta gure gurasoen garaiko kezka existentzialak dituztenentzako aproposa da liburua, absurdoari aurre egiteko borroka eta pasioa defendatu zituen pentsalari batek idatzia.

Aurrez hainbatetan egin izan dudan bezala, gustatu zaizkidan nobelaren zati batzuk transkribatuko ditut, accutype –eko lezio zaharrak gogora ekarri eta berrirakurketarekin gozatzeko. Digeritzeko gai bazarete, on egin.


El modo más cómodo de conocer una ciudad es averiguar cómo se trabaja en ella, cómo se ama y cómo se muere. En nuestra ciudad, por el efecto del clima, todo ello se hace igual, con el mismo aire frenético y ausente. Es decir, que se aburre uno y se dedica a adquirir hábitos. Nuestros conciudadanos trabajan mucho, pero siempre para enriquecerse. Se interesan sobre todo por el comercio, y se ocupan principalmente, según propia expresión, de hacer negocios. Naturalmente, también les gustan las expansiones simples: las mujeres, el cine y los baños de mar. Pero, muy sensatamente, reservan los placeres para el sábado después de mediodía y el domingo, procurando los otros días de la semana hacer mucho dinero (9-10. orrialdeak).


Oran es (…) una ciudad enteramente moderna. Por lo tanto, no es necesario especificar la manera de amar que se estila. Los hombres y mujeres o bien se devoran rápidamente en eso que se llama el acto del amor, o bien se crean el compromiso de una larga costumbre a dúo. Entre estos dos extremos no hay término medio. Eso tampoco es original. En Orán, como en otras partes, por falta de tiempo y de reflexión, se ve uno obligado a amar sin darse cuenta (10. orrialdea).


“Se pasan los días fácilmente en cuanto se adquieren hábitos, y puesto que nuestra ciudad favorece justamente los hábitos, puede decirse que todo va bien.”


Lo más original en nuestra ciudad es la dificultad que puede uno encontrar para morir. (…). Un enfermo necesita alrededor blandura, necesita apoyarse en algo; eso es natural. Pero en Orán los extremos del clima, la importancia de los negocios, la insignificancia de o circundante, la brevedad del crepúsculo y la calidad de los placeres, todo exige buena salud (11. orrialdea).


Aquella tarde Bernard Rieux estaba en el pasillo del inmueble, buscando sus llaves antes de subir a su piso, cuando vio surgir del fondo oscuro del corredor una rata de gran tamaño con el pelaje mojado, que andaba torpemente. El animal se detuvo, pareció buscar el equilibrio, echó a correr hacia el doctor, se detuvo otra vez, dio una vuelta sobre sí mismo lanzando un pequeño grito y cayó al fin, echando sangre por el hocico entreabierto. El doctor lo contempló un momento y subió a su casa (13. orrialdea).


Al principio, cuando creían que era una enfermedad como las otras, la religión ocupaba su lugar. Pero cuando han visto que era cosa seria, se han acordado del placer. Toda la angustia que se refleja durante el día en los rostros, se resuelve después, en el crepúsculo ardiente y polvoriento, en una especie de excitación rabiosa, una libertad torpe que enfebrece a todo un pueblo (116. orrialdea).


“Los que se dedicaron a los equipos sanitarios no tuvieron gran mérito al hacerlo, pues sabían que era lo único que quedaba, y no decidirse a ello hubiera sido lo increíble.”


Pero el cronista está más bien tentado de creer que dando demasiada importancia a las bellas acciones, se tributa un homenaje indirecto y poderoso al mal. Pues se da a entender de ese modo que las bellas acciones sólo tienen tanto valor porque son escasas y que la maldad y la indiferencia son motores mucho más frecuentes en los actos de los hombres. Ésta es una idea que el cronista no comparte. El mal que existe en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia, y la buena voluntad sin clarividencia puede ocasionar tantos desastres como la maldad. Los hombres son más bien buenos que malos, y, a decir verdad, no es ésta la cuestión. Sólo que ignoran, más o menos, y a esto se le llama virtud o vicio, ya que el vicio más desesperado es el vicio de la ignorancia que cree saberlo todo y se autoriza entonces a matar. El alma del que mata es ciega y no hay verdadera bondad ni verdadero amor sin toda la clarividencia posible (124-125).


Si es cierto que los hombres se empeñan en proponerse ejemplos y modelos que llaman héroes y si es absolutamente necesario que haya un héroe en esta historia, el cronista propone justamente a este héroe insignificante y borroso que no tenía más que un poco de bondad en el corazón y un ideal aparentemente ridículo (Grant). Esto dará a la verdad lo que le pertenece, a la suma de dos y dos el total de cuatro, y al heroísmo el lugar secundario que debe ocupar inmediatamente después y nunca antes de la generosa exigencia de la felicidad. Esto dará también a esta crónica su verdadero carácter, que debe ser el de un relato hecho con buenos sentimientos, es decir, con sentimientos que no son ni ostensiblemente malos, ni exaltan a la manera torpe de un espectáculo (130).



Nobelako protagonista batzuk, besterik ezean, behin eta berriz entzuten duten kantua:



- Si no estoy ya con ustedes, es porque tengo mis motivos. Por lo demás, yo creo que sirvo para algo: hice la guerra de España.
- ¿De qué lado?
- Del lado de los vencidos. Pero después he reflexionado.
- ¿Sobre qué? –dijo Tarrou.
- Sobre el valor. Bien sé que el hombre es capaz de acciones grandes, pero si no es capaz de un gran sentimiento no me interesa.
(…)
- Dígame, Tarrou, ¿usted es capaz de morir por un amor?
- No sé, pero me parece que no, por el momento.
- Ya lo ve. Y es usted capaz de morir por una idea, esto está claro. Bueno: estoy harto de la gente que muere por una idea. Yo no creo en el heroísmo; sé que eso es muy fácil, y he llegado a convencerme de que en el fondo es criminal. Lo que me interesa es que uno viva y muera por lo que ama.
(…)
- Sin embargo, es preciso que le haga comprender que aquí no se trata de heroísmo. Se trata solamente de honestidad. Es una idea que puede que le haga reír, pero el único medio de luchar contra la peste es la honestidad.
- ¿Qué es la honestidad? –dijo Rambert, poniéndose serio de pronto.
- No sé qué es, en general. Pero, en mi caso, sé que no es más que hacer mi oficio.
(153. eta 154. orrialdeak)


Los cuerpos eran arrojados en las fosas apresuradamente. No habían terminado de caer cuando las paletadas de cal se desparramaban sobre sus rostros y la tierra les cubría anónimamente en los hoyos que se cavaban cada vez más profundos.
Poco más tarde hubo que buscar otra salida. Una disposición de la prefectura expropió a los ocupantes de concesiones a perpetuidad y todos los restos exhumados fueron al horno crematorio. Pero pronto hubo que conducir a los muertos mismos de la peste a la cremación. Entonces hubo que utilizar el antiguo horno de incineración que se encontraba al este de la ciudad, fuera de las puertas. Se llevó más lejos el piquete de la guardia y un empleado del ayuntamiento facilitó mucho la tarea de las autoridades aconsejando que se utilizaran los tranvías que llegaban al paseo del mirador y que se encontraban ahora sin empleo. Con este fin se acondicionó el interior de los coches y de los remolques quitando los asientos y se llevó la vía en dirección al horno que llegó a ser un final del trayecto.
Y durante los últimos días del verano, como bajo las lluvias del otoño, se pudo ver a lo largo del mirador, en el corazón de la noche, pasar extraños convoyes de tranvías sin viajeros bamboleándose sobre el mar. Los habitantes acabaron por saber lo que era. Y a pesar de las patrullas que impedían el acceso al mirador, algunos grupos llegaban a trepar muchas veces por las rocas cortadas a pico sobre las olas y arrojaban flores al paso de los tranvías. Los vehículos traqueteaban en la noche de verano, con su cargamento de flores y de muertos (167-168).


Por la tarde, en lugar de las reuniones con que antes se intentaba prolongar lo más posible aquellos días, que para cada uno de ellos podía ser el último, se veían pequeños grupos de gente que volvían a su casa a toda prisa o se metían en los cafés, y a veces, a la hora del crepúsculo, que en esta época llegaba ya más pronto, las calles estaban desiertas y sólo el viento lanzaba por ellas su lamento continuo. Del mar, revuelto y siempre invisible, subía olor de algas y de sal. La ciudad desierta, flanqueada por el polvo, saturada de olores marinos, traspasada por los gritos del viento, gemía como una isla desdichada (158)


…por no traicionar nada y sobre todo por no traicionarse a sí mismo, el cronista ha tendido a la objetividad. No ha querido modificar casi nada en beneficio del arte, excepto en lo que concierne a las necesidades elementales de un relato coherente. Y es la objetividad misma lo que le obliga a decir ahora que si el gran sufrimiento de esta época, tanto el más general como el más profundo, era la separación… (169)


Al principio de la peste se acordaban muy bien del ser que habían perdido y lo añoraban. Pero si recordaban claramente el rostro amado, su risa, tal o cual día en que reconocían haber sido dichosos, difícilmente podían imaginar lo que el otro estaría haciendo en el momento mismo en que lo evocaban, en lugares ya tan remotos. En suma, en ese momento no les faltaba la memoria, pero la imaginación les era insuficiente. En el segundo estadio de la peste acabarían perdiendo la memoria también. No es que hubiesen olvidado su rostro, no, pero sí algo que es lo mismo; ese rostro había perdido su carne, no lo veían ya en su interior. Y habiéndose quejado durante las primeras semanas de que su amor tenía que entenderse únicamente con sombras, se dieron cuenta, poco a poco, de que esas mismas sombras podían llegar a descarnarse más, perdiendo hasta los ínfimos colores que les daba el recuerdo. Al final de aquel largo tiempo de separación, ya no podían imaginar la intimidad que había habido entre ellos ni el hecho de que hubiese podido vivir a su lado un ser sobre quien podían en todo momento poner la mano (170).


Nuestro amor estaba siempre ahí, sin duda, pero sencillamente no era utilizable, era pesado de llevar, inerte en el fondo de nosotros mismos, estéril como el crimen o la condenación. No era más que una paciencia sin porvenir y una esperanza obstinada (174).


“Ésta era la evidencia. Claro que siempre podía uno esforzarse en no verla. Podía uno taparse los ojos y negarla, pero la evidencia tiene una fuerza terrible que acaba siempre por arrastrarlo todo”


Suero berria Othon jujearen semean probatzen dutenekoa (197-202). Umearen agonia, izurritearen aurkako borroka hunkigarria eta izugarria. Jasangaitza ia.


“Pero a fuerza de esperar se acaba por no esperar nada, y nuestra ciudad entera llegó a vivir sin porvenir”.


El Día de los Muertos fue ese año, en cierto modo, escamoteado. Según Cottard, en quien Tarrou encontraba un lenguaje cada vez más irónico, todos los días eran el Día de los Muertos (217).


Tarrou-ren hitzak, Rieux-ekin batera dagoeneko batean:

<>Cuando yo era joven vivía con la idea de mi inocencia, es decir, sin ninguna idea. No soy del género de los atormentados, yo empecé bien. Todo me salía como es debido, estaba a mi gusto en el terreno de la inteligencia y mucho más en el de las mujeres. Si tenía alguna inquietud, se iba como había venido. Un día empecé a reflexionar.
(…)
<<(mi padre) Tenía una particularidad: la gran guía Chaix era su libro de cabecera. No es que viajase mucho: sólo viajaba en las vacaciones para ir a Bretaña, donde tenía una pequeña propiedad. Pero era capaz de decirle a usted exactamente las horas de salida y de llegada del tren París-Berlín, las combinaciones de los horarios que había que hacer para ir de Lyon a Varsovia, el número exacto de kilómetros que había entre las capitales que usted escogiese.(…)A mí me divertía mucho hacerle preguntas y comprobarlas en la Chaix, reconociendo que no se equivocaba. Esos pequieños ejercicios nos unían mucho, pues yo era para él un auditorio cuya buena voluntad sabía apreciar. Yo por mi parte creía que esta superioridad suya en ferrocarriles valía tanto como cualquier otra. >>(…)Cuando cumplí los diecisiete años, mi padre (abogado de profesión) me invitó un día a ir a oírle. Se trataba de un asunto importante en los Tribunales y seguramente él creyó que quedaría muy bien a mis ojos. Creo también que contaba con que este acto, propio para impresionar a las mentes jóvenes, influiría en mí para decidirme a elegir la misma carrera que él había seguido. Yo acepté por complacerle y también porque tenía curiosidad de verle y oírle representando un papel tan diferente del que hacía entre nosotros.
(…)
Sin embargo, no conservo de ese día más que una sola imagen: la del culpable. Yo creo que era culpable, realmente, poco importa de qué. (…) No escuchaba lo que decían: sentía solamente que querían matar a aquel ser viviente y un instinto, formidable como una ola, me llevaba a ponerme de su lado, como una especie de ceguera obstinada. No me desperté de este delirio hasta que empezó mi padre la acusación.
<


AMARAUNA




5 Comments:

Anonymous Julen said...

1. Accutype bai mitikoa
2. Guztia digeritzeko gai izan naiz
3. Azkenekoa (Tarrou-ren hitzak) zatirik gogorrena, barruan zerbait bizirik dagoela sentiarazi dit.

8:13 PM  
Anonymous Anonyme said...

jajjajajaja accutype!

11:08 PM  
Anonymous Webcam said...

Hello. This post is likeable, and your blog is very interesting, congratulations :-). I will add in my blogroll =). If possible gives a last there on my blog, it is about the Webcam, I hope you enjoy. The address is http://webcam-brasil.blogspot.com. A hug.

9:50 PM  
Anonymous Anonyme said...

"Les curieux événements qui font le sujet de cette chronique se sont produits en 194., à Oran"

Berezko hizkuntzan irakurtzea izan ohi da idazki bat gozatzeko modu egokiena. Ulertzeko modu egokiena.

Camus idazle kanonikoa den heinean obra guztiak mitifikatuta ditu. "La peste" oso garrantzitsua da, baina "L’Étranger" da "Albert Camusen pied noir argeliar handiaren nobelarik sonatuenetarikoa".

Bestalde, horrelako liburu sakon bat, harakin batek egingo lukeen moduan, zatibanatzea ez da justiziazkoa liburuarentzat.

SISIFO

4:40 PM  
Anonymous Kevin Heredia said...

Amaraunean (auto)arrantzatutako beste bat.

http://kevinheredia.mundua.com/2007/09/

Ongi izan,

Kevin

6:45 PM  

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